JAMES BOND CONTRA GODFINGER: GEOMETRÍA DEL PODER Y LA CIUDAD MODERNA


JUEVES 23 DE OCTUBRE. 21:00H. (CASA DE LA CULTURA)
(Esta proyección estará precedida de la presentación por la arquitecta Ada Herreo y por Carlos Zamarriego autor del Benalzine nº8, dedicado a GEORGE «Bud Ornstein» ( productor del film)y con HÉctor Márquez como moderador

Título original: Goldfinger Año: 1964 País: Reino Unido Dirección: Guy Hamilton

Estrenada en 1964, James Bond contra Goldfinger se ha convertido en el arquetipo del cine de espías pop: ritmo impecable, ironía británica, música de John Barry y un Sean Connery que define para siempre la figura de 007. Pero más allá del icono, la película funciona como un catálogo de arquitectura moderna aplicada al relato: espacios que organizan la acción, superficies que significan poder y una materialidad —acero, vidrio, hormigón, paneles metálicos— que convierte cada secuencia en una coreografía del diseño.

La premisa es conocida: Bond investiga al magnate Auric Goldfinger, cuya obsesión por el oro culmina en un plan para contaminar con radiación las reservas de Fort Knox y revalorizar su fortuna. Lo crucial aquí es cómo el espacio sostiene la intriga. Los interiores de Fort Knox —laberintos de pasarelas, bóvedas, rejillas, planos inclinados— no son un simple decorado: son la representación física de una economía blindada, un templo laico de la riqueza nacional. La geometría ortogonal y el brillo del metal proyectan la idea de invulnerabilidad; cuando el villano pretende profanarlo, no asalta una caja fuerte: irrumpe en una arquitectura-símbolo.

El filme traduce la tecnología de los años sesenta en un vocabulario visual donde la arquitectura es co-protagonista: laboratorios con vidrio y perfiles vistos; salas de control que ordenan el mundo desde paredes mapadas; residencias de lujo que funcionan como cápsulas de estatus, abiertas pero vigiladas. En todas, la línea recta y la superficie lisa disciplinan los cuerpos: los encuadres de Ted Moore subrayan ejes, simetrías y diagonales que predisponen cada gesto (el acceso, la vigilancia, el escape). La modernidad aquí no es utopía luminosa, sino dispositivo de poder.

Ese discurso se extrema en los espacios del propio Goldfinger. Sus búnkeres extensibles, paneles que se deslizan, suelos que se abren y maquetas tácticas revelan una arquitectura performativa: los muros “hablan”, las paredes se convierten en pantallas, el interior devora al visitante. El lujo se confunde con el control, y la estética de la eficiencia —metal cepillado, texturas doradas, mobiliario racional— legitima una voluntad de dominio. Bond, por contraste, se mueve con solvencia entre esas geometrías del poder: su figura se define por la capacidad de leer el espacio, de activar sus fallas y de convertir la burocracia del plano en aventura.

El film —producido por “Bud” Ornstein, homenajeado en Benalzine n.º 8— entiende que el relato de espías es, en esencia, un relato de espacios: fronteras, esclusas, filtros, umbrales. Por eso la puesta en escena privilegia vistas panorámicas y profundidades que hacen inteligible el dispositivo arquitectónico; y por eso también el diseño sonoro (cierres herméticos, zumbidos eléctricos, golpeteos metálicos) refuerza la sensación de máquina en marcha.

Como colofón y para abrir el debate con el público, la proyección irá precedida de una mesa redonda en la que participará la arquitecta Ada Herrero, junto a críticos invitados. Herrero comentará específicamente los aspectos arquitectónicos de la película: la construcción de Fort Knox como icono, la funcionalidad encarnada en el decorado tecnológico del villano y la forma en que el film convierte la modernidad material (acero, vidrio, luz eléctrica) en narrativa. Revisada hoy, Goldfinger condensa una pregunta central de la modernidad: ¿la arquitectura protege o captura? Su respuesta es ambivalente y fértil para el diálogo: los edificios son herramientas de poder, pero también escenarios reprogramables por quienes los habitan. Entre la bóveda perfecta y el plan imposible, el cine vuelve drama la materia —y nos recuerda que toda forma, por sólida que parezca, puede agrietarse.

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"He vivido la época en que se temió que el cine fuera desplazado por la televisión, pero yo no he compartido ese miedo porque sé que la radio y los discos no pueden destruir la ópera. La televisión no puede acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oír las risas de otras personas". Billy Wilder

“Ahora que el Box Office se ha ido a la mierda, que las pelis son perecederas y acaban alojadas en un vídeoclub virtual cogiendo polvo…solo me importan las pelis que quedan en la memoria. Que cuáles son esas ? No serán más de 25 al año. El resto es un esfuerzo ímprobo e inútil. Se estrenan más de 8000 largos en el mundo al año. De ellos 500 son reseñables, 200 responden a la consideración de evento y de ahí 50 pueden atravesar el túnel del tiempo …25 es más que razonable no ? Otra cosa es que los gustos personales discriminen cinematográfias y géneros. El patrimonio universal del Cine está más accesible que nunca a partir del esfuerzo de los Festivales y plataformas especializadas. Solo que es la curiosidad que permite avanzar en esa exploración. De la misma forma que la digitalización permitió descubrir en la música,incunables...Además la novedad ha perdido valor con la devaluación injusta del periodismo cultural como herramienta que añade valor a la obra. …hasta aquí mi chapa reflexiva de hoy, sobre ver cine en tiempos de muchas películas …entre toma y toma vuelvo al set. Ah por último …desde que el cine es cine se han rodado ya más de UN MILLÓN DE PELÍCULAS …en españa la calidad de vida nos lleva a vivir unos 29.000 días …elegís bien que hay mucho mucho Cine Bueno que NUNCA VEREMOS” Enrique Lavigne